Más claro que el agua

 

Impúdico, torpe y ofensivo al pudor. Así lo define la Real Academia. En principio, lo que nos resulta obsceno tiene un efecto ambivalente, repele y atrae. Lo que se ha tapado y se desvela, aquello que no se sospechaba y se desarrollaba en la penumbra emana un magnetismo potente que nos hace fijar la vista. La palabra admite un contenido amplio y si bien un empleo abundante la remite al campo de lo sexual también es cierto que califica moralmente multitud de actividades humanas.

Pero, ¿esto es así?, ¿puede mostrarse así?, ¿quién puede mostrarlo así, tan desvergonzadamente? No doy crédito. Me deja sin palabras. Son reacciones habituales ante lo obsceno. En primer lugar, la sorpresa, los ojos como platos, el estupor. Inmediatamente después, la repugnancia, la reprobación. Es basura y huele mal. Contamina.

El otro día, a la noche, pasadas las diez y media, un anuncio, y a esas horas, con las defensas bajas. Creo que el fondo era blanco y la protagonista, una mujer de unos cuarenta, agradable – podría ser la hermana, la vecina o la compañera de cualquiera- sentada sobre un sillón rosa, nos contaba que había tenido cáncer de mama.

Como ustedes y yo somos gente empática, esta mujer nos cae bien, ¿no? Ha estado enferma, lo ha superado y nos quiere confiar algo. Digamos que ya nos hemos predispuesto a su favor. Nos dice ahora, echando la vista atrás,  que mientras estuvo enferma le habría venido bien contar con dinero para gastos extra y para tener ayuda en casa, porque, claro, no todos los días tenía fuerzas para hacerse cargo de los niños. Es joven, sus hijos serían pequeños en el momento de la enfermedad, y los críos, ya se sabe, llegan a ser agotadores.

¿Esta mujer tuvo que mantener su actividad doméstica y familiar habitual estando enferma? ¿Fue llegar a casa y empezar a poner lavadoras, pasar el aspirador y supervisar tareas? Cuando estamos enfermos, lo lógico es que nos cojamos la baja, que nos cuiden… sí, ¿no? Me corrigen si me desvío porque nunca está de más rectificar.

El caso es que el anuncio tiene que acabar y lo hace de forma obscena. Vende un seguro. Un seguro cercano a la medida de las mujeres. Tú pagas, y si tienes cáncer de mama, cobras. Porque tanto ese cáncer como esos hijos son tu problema, chata. Así de claro. Dame tu miedo, te lo gestiono, cobro y de paso te pongo en tu sitio.

¿Se imaginan un anuncio similar con un hombre hablando de alguna de las enfermedades de mayor prevalencia entre los varones?  Difícilmente consideraríamos verosímil el mismo texto. Lo dicho, obsceno. Y por lo tanto, desvelado. Nos hacemos una idea de por dónde van los tiros.

 

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