Exhortación

 

Mujeres, sed sumisas, es el momento de aprender la obediencia leal y generosa. Someteos al juicio de otra persona, a otra jurisdicción, renunciad a vuestro fuero. Enajenaos. Olvidad los cantos de sirena de la autonomía, la responsabilidad personal, convertíos en una excrecencia útil. Elegid la minoría de edad perpetua. La obediencia da una tranquilidad que te lo haces encima y seguro que mejora la piel. Si se equivoca el otro, a vosotras plin, que solo seguís criterios ajenos, sois unas mandadas. Amad y que hagan con vosotras lo que quieran. La obediencia debida y elegida a la vez es un chollo, por lo menos para Constanza Miriano, autora de  Cásate y sé sumisa, un bestseller en Italia y recientemente editado por el Arzobispado de Granada tierra soñada por mí para inaugurar la colección Nuevo Inicio, que mejor podría llamarse Vuelta a los orígenes. Por cierto, Orígenes se cortó lo suyo para no pecar. Lo que no es tradición es poda.

Puesto que la idea parece que tiene su éxito, extendámosla a otros sectores como mantequilla sobre tostada caliente. Y así, feos del mundo entero, ni os molestéis en uniros, basta con que os sometáis a los guapos. Sometámonos casi todos, los tontos a los listos, los negros a los blancos, los contratados a quienes contratan, las gordas a las flacas, los endeudados a los banqueros, los apocados a los chulos, las micropymes a las SICAV,  los que no tienen armas a los que las manejan, los que hablan a los que pegan, los pobres, que hagan el favor de someterse de una vez por todas a los ricos, que ya están tardando, los que no comen a los que se hartan, los que razonan a los que gritan, los de fuera a los de aquí, resumiendo, sométase cada cual al superior correspondiente y aquí paz y después gloria. A ver si conseguimos mantener los pies quieticos dentro del tiesto.

Esto es un camino y dicen que da la felicidad. Fiémonos. En mi caso, aún viendo las innegables ventajas, y no es la menor de ellas que te quita mucho de pensar, se me ocurre que quienes tienen el poder en cualquiera de sus variantes, si cometen errores o lo hacen aposta -aunque bienintencionados y bellisísimas personas puede pasar-  ceden el primer puesto a los sometidos para sufrir las consecuencias de sus actos, así que algún inconveniente ya le veo a la propuesta, pero es cuestión de ir enfrentando conforme se vayan produciendo los pequeños desajustes propios de cualquier empeño humano. Con un poco de buena voluntad.

En cualquier caso, yo me quedo muy pacificada y es la sensación que pretendo transmitirles en esta jornada dominical. Por eso, para terminar, un deseo piadoso: bienaventurados los gansos y bienaventurados también los queseros o, si no quieren tomarlo tan literalmente, bienaventurados todos los fabricantes de productos lácteos.  Era así, ¿no? Es que a veces entiendo mal.

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